Si tuviera que elegir el momento más importante del día, diría que son esos minutos después de que suena el despertador. Es en ese instante cuando te conectas con tu parte espiritual y te propones el propósito de las próximas doce horas. Es una pausa esencial para evitar empezar el día sin rumbo.
Hay varias maneras de hacerlo: meditar, respirar profundamente, escribir, practicar yoga, disfrutar de un té o café al sol, o salir a caminar. Puedes combinar varias de estas actividades; no tienes que elegir solo una. Sin embargo, para mí, la meditación es la más significativa. Me gusta hacerlo en la cama, respirar y dar un propósito al día. Así, puedo decidir qué puertas abrir, qué caminos seguir y qué rutina seguir.
Como diría el Gato Sonriente a Alicia en el País de las Maravillas:
“¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir desde aquí?”
“Eso depende mucho de adónde quieras llegar.”
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