En una sesión con mi terapeuta, tocamos uno de los temas más constantes: mi inseguridad. Y juntas decidimos que sería una buena idea colgar los diplomas de todo lo que he estudiado en las paredes de mi oficina. Es curioso, pero no tenía uno solo, más que el diploma del Premio Gran Angular que recibí por mi novela en el 2015. Estaban todos arrumbados en un cajón. Me pregunto… ¿por qué no les había dado importancia? Quizá pensaba que solo los médicos eran merecedores de colgar sus numerosos diplomas en sus consultorios, ¿tal vez era requisito usar una bata blanca para poder sacar mis diplomas?
En su lugar mis paredes estaban llenas de postales, recortes de revistas de mis series favoritas, dibujos de mis sobrinos, consejos de escritura, fotos, un escrito mío, un cuadro pintado por mi mamá. Pero ni un solo diploma, como si todos esos años de estudio no hubieran significado nada. Entiendo por qué lo hice, quería decorar mi oficina de una forma que me representara, que fuera bonita y agradable. Y me olvidé de la parte profesional. Llegando de esa terapia me puse a sacar los diplomas, de mi licenciatura, maestría, especialidad, reconocimientos por mis pláticas, y el de coaching, los enmarqué y colgué en mi pared. Ahora está saturada de diplomas, ya no se ve tan bonita como antes, pero no importa, me siento más capaz, más importante y eso sí, muchísimo menos insegura.



2 Comments
wow, me encantó, que buena idea para un subidón de autoestima, te la voy a copiar, jaja
Buenísimo, me avisas si lo haces, gracias, besos