¿Cuantos kilos estás dispuesto a subir con tal de estar bien mentalmente? Es que dentro de todos los efectos secundarios de la quetiapina, el aumento de peso es, quizá, el más latoso de todos. Cambiar de tallas de jeans, de brasier y hasta de reloj, y te juro que no exagero. Pero volvemos a lo mismo, si tuviera que elegir entre estar bien y con unos muchos kilos de más, o delgada pero tirada dentro de la cama, escogería estar estable, funcional, poder escribir este blog y leer una novela de Stephen King. A veces me pregunto, ¿por qué no podría ser delgada y sana, pero es como ese chiste de un querido tío mío que decía, qué prefieres ser, rico y guapo, o feo y pobre. Un gran chiste. La quetiapina también provoca sueño, soy casi como la Cenicienta, aunque en lugar de las doce, mi toque de queda es a las 8:30 o 9:00pm. Hace mucho que no siento qué se trata eso de salir a cenar, desvelarme o ser la última en irme de una fiesta. Aunque si lo vemos realmente, nunca fui la última en irme de una fiesta, puedo ser muy puntual para llegar pero la primera en irme. La quetiapina también me pone a temblar las manos, me canso de chatear, de escribir a mano y hasta de comer sopa con la cuchara quieta. Lo que pasa con la quetiapina es que no te deja traer un letrero en el pecho de que lo estoy tomando para explicar a todos por qué aumenté de peso, por qué no salgo de noche y por qué me tiemblan las manos. Eso ya sería demasiado. Entonces no queda más que seguir el rumbo de la vida, tomando quetiapina y jodiendome por sus efectos secundarios. Ni modo.

Tiempo y escritura
¿Sabías que el tiempo puede ayudarte a sacar esa parte escritora que llevas escondida? Sí, así es. Podría considerarse una trampa, pero ¿qué importa? Yo lo uso


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