Mis amigos me dicen Dory de cariño. En referencia a ese pez encantador, carismático y simpático que sufre de pérdidas de memoria a corto plazo. En un día puedo contar la misma anécdota a una sola persona en cuatro ocasiones sin darme cuenta. O soy capaz de ver un capítulo de una serie diez o veinte veces, al fin y al cabo nunca me aburro ya que siempre es novedoso. Tiene sus ventajas. ¿O acaso no quisieran oír la buena noticia de que el tumor que les encontraron en la tiroides es benigno, que se les olvide, asustarse y recibir de nuevo la noticia de que es benigno? Obvio sí. Este fin de semana estaba navegando por las redes sociales cuando de pronto leo: Descanse en paz Amos Oz. En seguida siento un golpe en el pecho, una sensación de vacío y tristeza por la muerte de uno de mis escritores favoritos. A mi lado están mis hijos, D, la novia de uno de ellos y el Barón, les digo la noticia y se me empañan los ojos, empiezo a llorar. Ellos comparten mi dolor. Busco una noticia en Google y leo un artículo sobre él en El País. Tenía 79 años y murió sin recibir el Premio Nobel ¡Qué triste! Le escribo un WhatsApp a mis amigas. Dos de ellas ponen caras tristes hasta que la tercera me dice que Amos Oz ya se murió el año pasado. ¿Cómo? ¿En serio? ¿Se volvió a morir? Obvio no, me dice. ¿Cómo pude olvidar la muerte de uno de mis escritores favoritos? ¿Y sentir el vacío, la tristeza y llorar de nuevo? Entonces comienza el bullying, ya se murió Michael Jackson y Miguel Hidalgo y Benito Juárez… Solo espero que la muerte de Camilo Sesto no se me olvide nunca, si no qué chinga estar llorando por él cada año. ¿O no Dory?

Tiempo y escritura
¿Sabías que el tiempo puede ayudarte a sacar esa parte escritora que llevas escondida? Sí, así es. Podría considerarse una trampa, pero ¿qué importa? Yo lo uso


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