Me enteré que se murió Camilo Sesto media hora antes de que me maquillaran para la boda del hijo de mi hermana. Supuse que solo tendría treinta minutos para llorar la partida de quien había sido el amor de mi vida: sollocé en el delantal de sapos de C, la cocinera de mi casa, le llamé a mamá quien me consoló como si yo tuviera doce años, busqué un video de Camilo en un concierto en google y lo subí a mi página de face, le escribí a mis hermanas, quienes sabía que compartirían mi dolor, le escribí también al Barón, a mis hijos y amigas, quienes seguro no entenderían la magnitud de lo que mi corazón estaba sintiendo. Manejé a casa de mis papás, donde me esperaba la maquillista, mientras escuchaba y cantaba Perdóname, Callados, Celos, Jamás, Mi buen amor…¡Carajo!, ¿por qué vivo tan cerca de mis papás? Me lamenté. Cinco minutos antes de la cita le conté a la maquillista de la vez que entré a verlo a su camerino después de una función en el Patio, de cómo me senté en sus piernas y me tomaron una foto. Sentía como si hubiera sido ayer. Y entonces me puso rímel y delineador y sombras y base y bilé y las lágrimas se tuvieron que posponer a pesar del corazón roto. Pensé que el luto había terminado, pero por suerte soy una persona intensa y mi alma aún no se recupera. Así que he podido continuar llorando su pérdida después de la boda. El Barón ya está harto de llegar a la casa y verme en la cama viendo videos de Camilo en Viña del mar o en entrevista con Raúl Velasco. Pero es que por más que le explico, él no entiende lo que es perder al amor de mi vida. Ups.

Tiempo y escritura
¿Sabías que el tiempo puede ayudarte a sacar esa parte escritora que llevas escondida? Sí, así es. Podría considerarse una trampa, pero ¿qué importa? Yo lo uso


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