Esta semana me vi obligada a hacer una limpieza de mi casa, incluyendo mi zona de trabajo. En general, soy una persona que se maneja bien en el caos, y mi escritorio es la prueba de ello: papeles por aquí, montones de libros por allá, kleenex usados, plumas, marcos con fotos, velas, post its de colores, platos, botella de agua, tazas de té, entre otras múltiples cosas. Ese desorden ordenado es mi néctar, gracias a él, la escritura fluye. Pero ahora, después de la limpieza, me siento a escribir mi blog y no puedo evitar experimentar un agujero debajo del esófago, siento que he perdido mi esencia, que se ha evaporado y que no tengo idea de cómo recuperarla. ¿Podré ser capaz de escribir así? ¿Qué pasará con mi creatividad? ¿Dejaré de asumirme como escritora? Estoy aterrada… Lo bueno es que la caja de kleenex me sonríe, ¿o lo estaré imaginando? No, es verdad, la sostengo y veo que le ha crecido una capa de superhéroe, respiro tranquila, así que si por cualquier cosa la inspiración me falla, me pondré a tirar kleenex hechos bola por todo el escritorio, y el caos, que tanto me ha hecho bien toda mi vida, volverá gratamente a mí.

Tiempo y escritura
¿Sabías que el tiempo puede ayudarte a sacar esa parte escritora que llevas escondida? Sí, así es. Podría considerarse una trampa, pero ¿qué importa? Yo lo uso


No Comments