Desde que tengo memoria, la escritura ha sido mi espacio secreto. Cuando tenía nueve años, empecé a llenar cuadernos con diarios, esas páginas donde todo parecía importante (aunque en realidad solo hablaba de lo que comía y si me había comprado un par nuevo de tenis). Nada muy elaborado, pero en esas palabras encontré un refugio. Con los años, todo cambió un poco, mis diarios se volvieron más intensos, más emocionales, como la adolescencia misma. Escribía cosas que me salían con tanta fuerza que las letras hasta rompían la hoja. En ese entonces, los diarios eran mi terapia, mi forma de entender lo que me pasaba por dentro. Ahora, años después, esa misma pasión por escribir ha vuelto a mí, pero en otra forma. Ya no llevo un diario que pueda esconder bajo llave; ahora, tengo una libreta morada, con un corazón brillante en la portada, que uso solo cuando necesito reconectar conmigo misma. Cuando quiero reafirmarme quién soy, cargar con mi fuerza y vulnerabilidad. No escribo todos los días, pero cada vez que abro la libreta, siento que vuelvo a esa niña de nueve años que descubrió en las palabras, su forma de entender el mundo y de encontrarse en él.



4 Comments
Tamar. Haces que se me antoje volver a escribir en una de esas libretas con un corazón en la portada. Besos
Anímate a escribir, Orly
«con tanta fuerza que las letras hasta rompían la hoja»
me encanta esta frase!!
lov u
Gracias por leerme