A los nueve años empecé a escribir diarios, todos tenían su candado y la misma combinación, la palabra MA. ¿Ahora me pregunto si en ese entonces mi mamá era la persona más importante del universo, más que Supermán, Camilo Sesto, Tino el de Parchis y Rogelio Guerra. No lo sé. Pero mi ingenuidad me llevaron a escogerla como palabra secreta para abrir mis diarios. En ese entonces nunca imaginé lo que el futuro me depararía, eran solo páginas donde contaba las rupturas con mis novios, las peleas con mis amigas, y alguna que otra reseña de un viaje. Sin embargo, esa práctica diaria hizo que cuando quise escribir una novela, mi relación con las palabras fuera de lo más familiar. Aún ahora sigo escribiendo mis emociones en una libreta, y en una computadora las historias de ficción. Si me preguntas, no son tan diferentes una de la otra. Ambas salen del corazón, ambas tienen un propósito especial, ambas buscan complacerme primero y luego prepararme para enfrentar el día con una capa gruesa, ya sea para resistir una mala crítica o una inseguridad.
Si estos temas te interesan no te pierdas el taller que daré a principios del próximo año. Será un placer tenerte.



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