Lo primero que experimento cuando mi nuevo libro sale a la venta es una gran emoción. Mis amigas y hermanas me mandan fotos de ellas con el libro, de sus hijos con el libro. Otros me mandan imágenes de Me quiero Independizar en las librerías, en la Gandhi, en Sanborns, en la Porrúa. La adrenalina se apodera de mi cuerpo y mente. Y no es para menos. Han pasado años desde que comencé a fraguar la historia de Tavo y su mejor amigo El Tuerzo en mi cabeza. Así que verla convertida en un objeto llamado libro es sumamente electrizante. Pero después de la emoción vienen los nervios. Las personas empiezan a leerlo y me dan su opinión. A mi papá le encantan los primeros 17 capítulos, pero el resto no pasa la prueba. Claro que es un libro para niños y jóvenes. Pero la opinión de mi papá es básica. O veo a mi esposo leerlo y analizo cada gesto, cada sonrisa, cada bostezo, cada mirada al celular. ¡Uff! Entonces me pongo a pensar que publicar requiere de mucho valor. No se trata solo de escribir una historia divertida y lanzarla al mundo. En todos mis libros estoy yo, en algunos más que otros, pero siempre mi vida está ahí, mis hijos, mis perras, mis gustos, mi esposo, mi comida preferida, mis sueños, mi música… Es como si me metieran a un aparto de rayos X y me tomaran una radiografía, y luego la transformaran en un libro. Y cómo si eso no fuera suficiente, se ponen a venderlo por 150 pesos en cada esquina. Y lo peor de todo es que la gente lo compra. ¡Me compra desnuda! ¡Que horror! Viéndolo de este modo no sé qué prefiero, si que lean Me quiero independizar o que mejor escojan otro libro de la librería. Al fin y al cabo hay tantos…

Tiempo y escritura
¿Sabías que el tiempo puede ayudarte a sacar esa parte escritora que llevas escondida? Sí, así es. Podría considerarse una trampa, pero ¿qué importa? Yo lo uso


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