¿Hay algo más intimidante que hablar frente a un grupo de desconocidos? Sí, es hablar, pero diciendo la verdad. Hace poco conocí a un grupo de personas que casi casi me estaban entrevistando, y yo a ellas. La cosa iba muy bien hasta que me vi obligada a confesarles quién era en realidad, como si ser escritora, madre, coach, maestra en creación literaria, entre otras cosas no fuera suficiente. Tenían que saber la verdad, porque de lo contrario estaría engañándolas. Así que con la voz quebrada y las lágrimas deslizándose por mis mejillas, les dije que vivo con bipolaridad y epilepsia. Desde que esas palabras salieron de mi boca me di cuenta que la había regado. ¿Por qué exponerme a la primera hora? ¿En un lugar público? Sin embargo todo dio un giro, una de ella me dio la mano y la acarició. ¿Quizá entonces no me había equivocado? ¿Quizá fuera una manera de acercarme a ellas? Vivir con sinceridad es un acto de valentía cotidiano. Eso no quiere decir que tengo que vivir gritando que soy bipolar, pero si tengo ganas de compartirlo, tengo todo el derecho de hacerlo. Si te ha pasado alguna experiencia parecida, te invito a dejarla en los comentarios.



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